“Ni el SNTE ni la CNTE, vamos directos a la base”

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Las recientes declaraciones de la Presidenta Claudia Sheinbaum Pardo abren una reflexión profunda sobre el presente y el futuro de la representación sindical en el magisterio mexicano.

Por un lado, ha señalado que la consulta debe realizarse directamente con las maestras y los maestros, colocando en el centro la voz de quienes sostienen diariamente la educación pública. Por otro, ha expresado una crítica clara hacia la CNTE al señalar que se les presentaron diversas propuestas y que, aun así, decidieron continuar con las movilizaciones. De ahí su afirmación de que el diálogo debe ampliarse y llegar directamente a las bases magisteriales, pues en palabras de la Presidenta “las movilizaciones que se generaron son más políticas que por reclamos y derechos”.

Pero estas declaraciones también obligan a revisar críticamente el papel que han jugado las organizaciones sindicales existentes.

Durante décadas, el SNTE ha concentrado la representación formal de las y los trabajadores de la educación. Sin embargo, persiste entre amplios sectores del magisterio la percepción de que la democratización sindical ha sido insuficiente y que las estructuras de representación continúan siendo lejanas a las preocupaciones cotidianas de las bases. La participación efectiva de las maestras y los maestros en las decisiones fundamentales sigue siendo una asignatura pendiente.

La legitimidad de una organización sindical no puede sostenerse únicamente en su tamaño o en el reconocimiento institucional. Debe construirse permanentemente mediante la participación, la consulta, la transparencia y la rendición de cuentas. Cuando las bases sienten que no son escuchadas o que sus opiniones tienen poca influencia en las decisiones, inevitablemente surge una crisis de representación, pues al parecer las dirigencias no mantienen comunicación con las bases.

Por eso la discusión de fondo no es solamente sobre el SNTE o la CNTE. La pregunta es más profunda: ¿cómo construimos una verdadera representación sindical, cercana a las bases y capaz de responder a los desafíos actuales de la educación pública y de la transformación que vive México?

Necesitamos un sindicato nacional, plural e incluyente, donde la diversidad de ideas no sea motivo de exclusión sino fuente de fortaleza. Un sindicato que consulte antes de decidir, que informe antes de acordar y que rinda cuentas de manera permanente a sus afiliados. Un sindicato que no simule hacer las cosas.

Pero también necesitamos algo más: un sindicato que vuelva a colocar en el centro la materia de trabajo. Que no limite su actuación a la negociación laboral o a la disputa por espacios de poder, sino que participe activamente en la construcción de mejoras en la política educativa. Un sindicato coadyuvante.

Un sindicato que proponga, sugiera, colabore y contribuya. Que ayude a que la educación vuelva a ocupar un lugar central en las preocupaciones nacionales y que asuma que la transformación educativa es parte esencial de la transformación política y social que vive México.

Luego entonces requerimos una multiplicación de espacios para discutir y reflexionar este tema, debemos discutir el sindicato que queremos, hay que promover sus características, entre todos y con todos.

Un sindicato comprometido con el derecho de niñas, niños y jóvenes a una mejor enseñanza y aprendizaje.

Es indispensable superar las prácticas que durante años han deteriorado la confianza en la vida sindical. La intervención discrecional en los procesos de plazas, ascensos, promociones o cambios de adscripción, pues ha sido una fuente permanente de cuestionamientos del magisterio. Siempre hemos requerido reglas claras, transparencia, rendición de cuentas y cero corrupción.

Estamos urgidos de una nueva cultura sindical. Una organización donde la ética no sea un discurso ocasional, sino una práctica cotidiana. Donde los procesos internos sean transparentes, donde las dirigencias respondan a las bases y donde la democracia sea una realidad tangible y verificable.

Si el gobierno plantea escuchar directamente a las maestras y los maestros, es momento de abrir una conversación nacional, plural, sobre la representación que el magisterio necesita para el siglo XXI.

No se trata de elegir entre una estructura y otra. Se trata de construir algo innovador, con formación de nuevos liderazgos, comprometidos y ligados a las causas más justas. En sí, un sindicato que viva plenamente con reglas éticas, que le sirva a los trabajadores, a la Educación y a México.

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