“El examen que nadie reprueba”

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Imagina que en la escuela los maestros revisan los cuadernos de todos los niños. Encuentran errores, faltas de tarea y hasta páginas arrancadas. Hacen una lista enorme con observaciones y dicen: “Tienen 90 días para corregir”. Eso es lo que hace la Auditoría Superior del Estado (ASE) con las cuentas públicas: revisa, detecta irregularidades y entrega un informe.

En la portada del periódico el  Diario de ciudad Victoria leímos que 90 entes públicos reprobaron sus cuentas y que hay observaciones por más de 14 mil millones de pesos. Es como si 90 niños hubieran entregado cuadernos incompletos o con tachones. La ASE lo dice, lo publica, y parece que hay transparencia.

Pero aquí viene la pregunta de fondo: ¿qué pasa después? En la escuela, si un niño nunca entrega la tarea, recibe una sanción. En el gobierno, los entes públicos tienen 90 días para “solventar” las observaciones. Y muchas veces, esas aclaraciones se convierten en simples oficios, papeles que justifican lo injustificable.

La ASE presume autonomía, pero en la práctica depende del Congreso local, que es juez y parte. Los diputados revisan los informes y deciden si se aprueban o se congelan. Es como si los mismos niños que hicieron trampa fueran quienes califican sus propios exámenes.

Por eso, aunque ahora se publique más información que antes, la consecuencia real es mínima. Los números salen en portadas, los montos se repiten en notas, pero los responsables rara vez enfrentan sanciones. La corrupción se convierte en rutina: se detecta, se anuncia, se olvida.

La ciudadanía escucha que hay “14 mil millones observados” y se pregunta: ¿quién va a pagar por eso? La respuesta suele ser nadie. Se recuperará ese dinero? Cuántas obras se podrían hacer con ese monto?…..Los informes se archivan, las observaciones se solventan en papel, y el ciclo se repite cada año.

Explicado a un niño: es como si cada vez que alguien copia en el examen, el maestro lo señala, pero nunca lo castiga. Al final, todos saben que copiar está mal, pero también saben que no pasa nada.

Y ahí está el verdadero problema: la transparencia sin sanción es solo un espectáculo. Se publican cifras, se hacen portadas, pero la corrupción sigue intacta. En Tamaulipas, los informes de la ASE son como un examen que nadie reprueba de verdad, porque las consecuencias nunca llegan.

Decir que se detectaron irregularidades es apenas el primer paso. Lo que falta es lo que nunca llega: sanciones, castigos, responsables. Mientras tanto, la corrupción se pasea tranquila, como un niño que sabe que puede copiar sin miedo, porque al final nadie lo va a regañar.

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