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¿Existe el gen de la infidelidad?

Un grupo de científicos, liderados por Rebecca Young, de la Universidad de Texas, EU, se dieron a la tarea de identificar si hay un origen genético para la monogamia. Pese a tratarse de una rareza entre los animales, la práctica de permanecer con la misma pareja existe en la naturaleza y por eso decidieron estudiarlos.

Los resultados, publicados en la revista científica PNAS, demuestran que existen 24 genes asociados con la monogamia; para llegar a ellos analizaron cinco pares de especies muy parecidas en la que una era monógama y la otra no.

Los monógamos:

  • Ratones californianos
  • Topillos de la pradera
  • El ave Bisbita alpino
  • La rana venenosa Ranitomeya imitator 
  • El pez enotilapia

Los polígamos

  • Ratones ciervo
  • Los Microtus pennsylvanicus (los primos infieles de los topillos de la pradera)
  • El ave conocida como acentor común
  • Una rana venenosa (Oophaga pumilio)
  • Y pez cíclido africano

Sorprendentemente, pese a tratarse de animales tan distintos como peces o ratones, el análisis del cerebro de los machos monógamos reveló que tienen la misma serie de 24 genes, cuya actividad en el cerebro tiene una relación más intensa con el comportamiento monógamo.

  • La investigadora Rebecca Young reconoció que no saben cómo se relaciona la función de estos genes con las inclinaciones monógamas, pero se atreve a especular que estimulan los receptores de vasopresina y oxitocina que generan en el cerebro la sensación de recompensa cuando se está con la pareja.

Una de las especies empleadas en este estudio, el topillo de la pradera, es una de las favoritas para tratar de entender a ese grupo minoritario de mamíferos que son monógamos. Al contrario de lo que sucede con otros animales, que rehúyen a la hembra después de culminar su deseo, algo sucede en el cerebro de los topillos que genera un vínculo que durará para siempre. Estas parejas cuidan a sus crías juntas y no parecen perder la pasión pese a sesiones maratonianas de apareamiento.

Sin embargo, en estos animales con tendencias más monógamos es habitual que se tengan una “canita al aire” y no renuncian a una aventura sexual si se presenta la ocasión. De hecho, se calcula que alrededor del 10% de las crías de una pareja no son hijos del macho que las cuida. 

  • Además diversos investigadores coinciden en que el entorno también determina las decisiones sobre cómo organizar la vida en pareja, tanto en animales como en humanos. “Si hay pocas hembras o son difíciles de encontrar puede ser práctico (evolutivamente) quedarse con ella después de copular, porque el macho no sabe cuándo podría encontrar otra hembra, apunta Rebecca Young.
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