RETO DE LA INFORMALIDAD DEL EMPLEO EN MÉXICO Y NORESTE”

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En 2025, México vivió una paradoja laboral: mientras el discurso oficial presumió cifras históricas de empleo formal registradas ante el IMSS, la ENOE del Inegi y los análisis independientes mostraron que la mayor parte de la nueva ocupación provino de la economía informal.
El resultado fue un país con menos desempleados, pero con más personas atrapadas en trabajos sin seguridad social ni prestaciones, y con una estructura productiva que descansa cada vez más en la precariedad.
Tener empleo dejó de ser garantía de certidumbre.
De acuerdo con el IMSS, al 31 de diciembre de 2025 se registraron 22.5 millones de puestos de trabajo formales, el nivel más alto para un cierre de año desde que se tiene registro, con un crecimiento anual de 1.3% equivalente a cerca de 279 mil plazas adicionales.
Sin embargo, al mirar el mercado laboral desde la ENOE, el cuadro cambia: con corte a finales de 2025 se generaron cerca de 293 mil empleos netos, pero todos quedaron concentrados en la informalidad, mientras que el empleo formal se redujo en 195,513 puestos.
Es decir, la economía logró absorber parte de la fuerza de trabajo, pero lo hizo desplazando trabajadores hacia esquemas sin contrato, sin derechos y sin protección social.
El dato más elocuente es la magnitud de la informalidad. En diciembre de 2025, el Inegi reportó alrededor de 33 millones de personas en condiciones de informalidad laboral, lo que equivale a entre 54.6% y 55% de la población ocupada, el nivel más alto para un cierre de año reciente.
La población económicamente activa alcanzó 61.9 millones de personas y la ocupada 60.4 millones; de ellas, más de la mitad lo hace al margen de la seguridad social.
En otras palabras, el país “resolvió” el problema del desempleo estadístico apoyándose en la expansión de ocupaciones informales, el subempleo y condiciones críticas de trabajo, que alcanzaron casi 4 de cada 10 trabajadores ocupados.
Este contraste entre récord histórico de empleos formales “contados” por el IMSS y pérdida neta de empleo formal “medida” en la ENOE no es una cuestión técnica menor; revela una desconexión entre la foto administrativa de las afiliaciones y la experiencia real de millones de trabajadores.
Más allá de la polémica metodológica, lo que importa es el mensaje de fondo: el país no está generando suficientes plazas formales nuevas para absorber a quienes cada año entran al mercado de trabajo, y lo que crece con más fuerza es la economía informal.
Esta dinámica nacional tiene expresiones muy claras en el noreste, particularmente en Tamaulipas y Nuevo León. En Tamaulipas, los datos del Inegi muestran que en el segundo trimestre de 2025 la informalidad laboral alcanzó su nivel más alto de los últimos cinco años, con 767,116 personas trabajando sin prestaciones, alrededor de 46.4% de la población económicamente activa del estado.
Solo en ese trimestre se incorporaron más de 24 mil nuevos trabajadores informales y, en paralelo, las nuevas plazas formales registradas por el IMSS disminuyeron alrededor de 2% anual, evidenciando un desplazamiento hacia esquemas precarios.
En ciudades clave como Tampico y Reynosa, uno de cada tres empleos está fuera de la formalidad, en un entorno donde la frontera, la logística y los flujos migratorios presionan aún más al mercado de trabajo.
Nuevo León, por su parte, aparece en las estadísticas nacionales como uno de los estados mejor posicionados en empleo y atracción de inversiones, pero también enfrenta el reto de contener y reducir su informalidad.
La ENOE del primer trimestre de 2025 reporta que, si bien el estado mantiene una alta tasa de ocupación, la informalidad laboral sigue afectando a cientos de miles de personas, con alrededor de 2.8 millones de ocupados y un volumen significativo de trabajadores fuera de la seguridad social, aun cuando la ocupación informal masculina se redujo en aproximadamente 59 mil personas respecto al año previo.
En el contexto del nearshoring y la llegada de nuevas plantas, la pregunta de fondo es cuántos de esos empleos ancla en relaciones laborales formales y cuántos se subcontratan o se “flexibilizan” hasta volverse informales en los hechos.
Visto desde el noreste, la combinación de pérdida o estancamiento del empleo formal y expansión de la informalidad no es solo un tema de estadísticas; es un riesgo estratégico para la región más integrada a los corredores industriales, energéticos y de comercio exterior del país.
Allí donde el empleo formal retrocede o se debilita, la informalidad y las economías paralelas ocupan el espacio, minando la productividad, la recaudación y la cohesión social.
Si 2025 dejó una lección a México y al noreste —incluyendo Tamaulipas y Nuevo León— es que compensar la pérdida de empleo formal con más economía informal no es una vía de desarrollo, sino una invitación a más desigualdad, más inseguridad y menor potencial de crecimiento en el mediano plazo.
SALIDA DE LA INFORMALIDAD EN CORTO PLAZO
Indagar una posible solución de corto plazo para recuperar un modelo que impulse crecimiento, empleo y bienestar social exige ir más allá del voluntarismo discursivo y los programas fragmentados. Requiere, primero, mapear con precisión los incentivos reales que enfrentan empresas, trabajadores y gobiernos: qué se premia hoy (informalidad, evasión, contratos precarios) y qué se castiga (inversión productiva, creación de empleo formal, innovación).
Supone también reconocer las fallas de mercado: información incompleta, financiamiento caro, poder de mercado de grandes actores, y la incapacidad de coordinar inversiones y capacitación.
Finalmente, obliga a incorporar las externalidades: los costos sociales de la informalidad, la inseguridad o la contaminación, y los beneficios públicos de generar empleo formal, ciudades seguras y capital humano calificado. Solo alineando incentivos, corrigiendo fallas y gestionando externalidades puede cualquier política de corto plazo tener impacto duradero.
El bajo crecimiento nacional del PIB y la falta de empleos formales se retroalimentan en México: una economía que crece poco genera muy pocas plazas productivas nuevas, y un mercado laboral dominado por la informalidad limita también el crecimiento futuro.
Con una economía que avanza alrededor de 1% y requiere cerca de 1.2 millones de nuevos empleos formales al año para absorber a la fuerza laboral, el resultado es un círculo vicioso: baja inversión, poco crecimiento, poca creación de empleo formal y, en consecuencia, menor consumo y dinamismo del PIB
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