Don Bernardo y su batalla de “rodillas”
Por Edgar Ramírez
Victoria, Tam.- A raíz de un desgaste de hueso en ambas rodillas, ya nada fue igual en la vida de don Bernardo Gallegos Montalvo. Hace poco más de 4 años, fue sometido a una cirugía y parecía que todo iba muy bien.
“De hecho, me dijo el doctor Amilkar Flores del Hospital General que iba a quedar bien”, relata. Asegura, que efectivamente todo estaba bien.
Su rodilla derecha respondía muy bien, pero la otra, de un día para otro se inflamó como globo a punto de reventar hasta que le sacaron una acumulación de abscesos o “pus”. “Se me había infectado, y me dijeron que me iban a cambiar la sábana y ¿sabe cuánto me costó?: 1100 pesos”, explica.
Residente en la Manzana 10, Lote 16, calle Verde en la colonia Tomás Yarrington, asentada en las faldas de la Sierra Madre Oriental, al poniente de la ciudad, ahora don Bernardo, ha tenido que afrontar su problema recurriendo a un bastón y solamente para moverse en su casa, ya que le resulta muy difícil moverse entre las hostiles calles de colonia.
Dice que a veces solamente puede moverse a “lento paso” a la tienda, pero ya no puede avanzar más.
“Desde hace un poco más de 4 años que estoy batallando. Y entonces yo he dicho a los doctores que le dejen así mejor, para los días que me faltan por vivir”, apunta en tono pesimista a sus 76 años, pues tan solo de una rodilla el costo de su operación ascendió a los 70 mil pesos.
Y la otra rodilla que por el grado de infección que traía, la cirugía le cuesta arriba de los 150, según le han indicado. “Y yo, de donde voy agarrar esos 150 mil pesos”, ataja al tiempo de que un instante nostálgico le sorprende y unas lágrimas resbalan por sus curtidas mejillas y con justa razón.
Admite tener hijos sin embargo acota: “Los hijos crecen y nosotros somos harina de otro costal al igual que ellos, entonces imagínate, solos y sin dinero”. Este es el resumen de vida de don Bernardo.
Después de dedicarse por largos años al trabajo de construcción como albañil y maestro de albañil, ahora todo se redujo a ser como él mismo lo admite: “ser dependiente de un bastón, una silla de ruedas o un andador”.
Aunque prefiere el primero, pues indica que una silla de rueda o una andadera en un terreno empinado y empedrado como la colonia Tomás Yarringtón, en un descuido aclara: “me encuentran rodando hasta abajo” Y en ese contexto, indica, que su compañera de vida es la que está pendiente de él.
“Mi compañera es que la sale a buscar qué comer, trabajando en lo que sea para poder subsistir”. Y es que en estas condiciones, de sobra está pedir ayuda a la ciudadanía victorense, ya que una imagen es el equivalente a mil palabras.