El terreno para el 2027 y ¿y las cuentas públicas del 2024?

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Marginar a los medios de comunicación porque resultan incómodos es una de las torpezas más recurrentes del poder. La historia demuestra que esa práctica no silencia a la prensa, sino que la convierte —convenientemente para el discurso oficial— en un supuesto brazo de la oposición. Es una coartada conocida: cuando el gobierno no controla la narrativa, acusa conspiración. Sin embargo, lo que muchos gobernantes parecen no entender es que la verdadera amenaza no suele venir de la crítica externa, sino del aplauso interno. Quienes hoy aplauden, celebran y acompañan al poder son, con frecuencia, los primeros en abandonar el barco cuando el calendario electoral comienza a dictar sentencia. En política, el afecto es coyuntural y la lealtad tiene fecha de caducidad. “Muerto el rey, viva el rey” no es una consigna histórica: es una práctica cotidiana. El caso del gobierno municipal de Óscar Pérez Inguanzo, particularmente generoso con la prensa oficial, es una referencia que no debería olvidarse.
En este sentido, el fin no justifica los medios; los medios exhiben el fin. Son ellos quienes revelan las fallas estructurales que el poder se niega a reconocer. Las reingenierías administrativas no deberían responder a caprichos ni a ajustes cosméticos, sino a una lógica clara: hacer que el aparato gubernamental funcione. Los mandos intermedios deben operar como extensiones de una visión política coherente, no como feudos personales ni trincheras de protección. Cuando un gobierno no agiliza trámites, no atiende a la ciudadanía y se parapeta en el hermetismo, no estamos ante ineficiencia: estamos ante corrupción por omisión. El servidor público que se niega a informar no protege la institución; la corroe desde dentro.
Y hablando de omisiones, el silencio institucional en torno a las cuentas públicas del ejercicio fiscal 2024 resulta, por decir lo menos, revelador. Durante 2025, la Auditoría Superior del Estado (ASE) rompió con una práctica histórica al no informar en tiempo sobre dichos resultados, que tradicionalmente se presentaban a más tardar en noviembre del año siguiente. Es justo reconocer que el auditor Francisco Noriega Orozco ha optado por una revisión minuciosa, alineada a la disciplina financiera y al marco legal vigente. Pero también es innegable que el sigilo prolongado genera sospechas, sobre todo cuando los números no acompañan el discurso oficial. El dato es contundente y políticamente incómodo: 124 millones de pesos no han sido comprobados por ayuntamientos de Tamaulipas. El informe, prometido para febrero, no solo será un documento técnico; será un insumo electoral de alto calibre.
REINGENIERÍA Y ESTRATEGIA
En paralelo, los movimientos en los gobiernos municipales no son casuales ni administrativos. Desde finales de 2025 y en lo que va de 2026, varios ayuntamientos han recurrido a una práctica reveladora: hacer firmar renuncias “voluntarias” a secretarios,

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directores, subdirectores y personal de confianza. No se trata de eficiencia gubernamental, sino de control político. La consigna es clara: blindarse ante posibles deserciones, incluso dentro del mismo partido en el poder. A quienes llegaron por compromisos legislativos o padrinazgos federales ya se les comenzó a mover. La razón es simple: dejaron de ser funcionales a la visión, a la táctica o al cálculo electoral del grupo dominante.
La lectura es inevitable. Con el 2027 en el horizonte, nadie quiere cargar con lastres cuando llegue el momento de heredar el poder. Las cuentas públicas —extendidas en su revisión del ejercicio fiscal 2025 y 2026— se convierten en un mecanismo de presión tan eficaz como silencioso. Y entonces, solo entonces, el entusiasmo de los incondicionales se evapora. Los amigos se vuelven prudentes, los prestanombres toman distancia y los aplausos se transforman en silencio. El desenlace suele ser el mismo: una carrera política truncada, una salida abrupta del escenario y la casi nula posibilidad de regresar al trono. En política, el poder no castiga la traición; castiga la ingenuidad de creer que el poder es eterno.
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