Los gobernadores, el narcotráfico y la embestida mediática de Trump contra México

CDMX a 10 de junio de 2026 (Noticias de México).- Desde el inicio del gobierno de Claudia Sheinbaum, Estados Unidos comenzó una nueva embestida contra nuestro país. Primero fue la amenaza de elevar los aranceles a productos imprescindibles como el acero; pero tras el revés que esto significó para Donald Trump —al evidenciarse el daño que causaría al comercio de ambas naciones—, el mandatario estadounidense retomó otro tema histórico para atacar a nuestro país: el narcotráfico.
El tráfico de estupefacientes no es un asunto menor, pero sí el pretexto perfecto para vulnerar a México mediante una problemática que goza de consenso absoluto en cuanto a su rechazo.
Sin embargo, esta estrategia funciona más como un arma mediática de otra época, cuando la información era limitada y escaseaba el análisis sobre qué país organiza la producción, cuál consume y cuál es el verdadero beneficiario del negocio y de la violencia que este genera.
Hoy en día, las grandes masas son conscientes de que el verdadero motor detrás del narcotráfico en México y Latinoamérica está Estados Unidos. De ahí que resulte ridículo e irreal el repentino interés de Donald Trump y su Departamento de Justicia por combatir, de buenas a primeras, este flagelo en territorio mexicano.
Así, Washington ha iniciado una campaña para socavar la legitimidad del gobierno de Sheinbaum y de los mandatarios estatales emanados de MORENA. Curiosamente, esta lupa no se posa sobre estados como Jalisco, donde la presencia y el encumbramiento del crimen organizado son más evidentes que en cualquier otra región del país.
Esto deja claro que los gobiernos atacados, tanto el federal como los locales, son aquellos que no se alinean a la política norteamericana. Todo ello ocurre a pesar de que, desde el propio vecino del norte, se reconozca que la administración de Sheinbaum ha sido más colaboradora con Washington que las anteriores, incluida la de Andrés Manuel López Obrador.
Si algo ha enseñado la historia sobre el actuar de esa potencia expansionista —capaz de usar la bomba nuclear en Hiroshima y Nagasaki— es que sus ataques se dirigen siempre contra las naciones soberanas que deciden no subordinarse, llámense Cuba, Chile, Irán, Afganistán o Vietnam.
En ese contexto debe entenderse la embestida contra México. Desde el arranque de su administración, Sheinbaum no se ha alineado. Primero, impulsó una revisión de los términos del tratado comercial de Norteamérica para buscar un intercambio más equilibrado entre los socios de la región y al mismo tiempo, México ha mantenido una creciente relación económica con China, el gigante asiático.
Todo ello ayuda a explicar la embestida contra México y las razones por las que Estados Unidos pretexte una batalla contra el narcotráfico para solicitar extradición de funcionario, alimente versiones, rumores, señalamientos sobre presuntos vínculos criminales y cancelación masiva de visas a gobernadores, senadores y diputados federales, y forma parte de una estrategia mediática muy clara: mantener un ambiente de incertidumbre en la política nacional mexicana.
En el fondo, a la Casa Blanca no le interesa enfrentar el narcotráfico y menos aún erradicarlo, en tanto que constituye una de las mayores fuentes de riqueza para su sistema financiero y un instrumento histórico de control social.
Es una farsa el supuesto interés de Trump por la salud de su población; pues desde que se fundó EU, hace apenas 250 años, la hegemonía estadounidense ha buscado el sometimiento de las sociedades, permitiendo que su población caiga en el círculo vicioso del consumo. Un negocio del que se benefician pequeñas élites globales en perjuicio de las naciones productoras o de tránsito, relegadas a operar como el patio trasero.
Por ello, respaldar ciegamente a Estados Unidos en sus solicitudes de extradición, sus amenazas y su retórica antidrogas significa desconocer la historia de un país que vive de fabricar pretextos para intervenir en naciones soberanas, ya sea invocando la defensa de la democracia, la lucha contra el terrorismo, las armas nucleares o el narcotráfico. Sería ingenuo creer que la Unión Americana es el salvador del mundo, como parecen asumirlo panistas y priistas en México, o que sus intenciones buscan el bienestar común.
A este respecto, la respuesta de la presidenta Sheinbaum ha sido contundente: si Estados Unidos quiere una colaboración real y no un pretexto para vulnerar soberanías, debe empezar por frenar el tráfico de armas hacia México, controlar el consumo interno en su territorio, desmantelar las redes de distribución locales e incidir directamente en las estructuras financieras que lavan el dinero del crimen organizado.
Eso sería cooperación efectiva. Lo demás corre el riesgo de convertirse, una vez más, en un pretexto para presionar a una nación soberana.
