La Ley Silla: Donde la autoridad sí se sienta… a esperar que se nos olvide

Artículos relacionados

En este país la vergüenza ya no es un recurso escaso: simplemente desapareció. Los funcionarios se pasean con la naturalidad de quien cree que el cinismo es un derecho constitucional. Promesas incumplidas, discursos huecos y gestos solemnes que esconden la misma rutina de siempre: el descaro como política pública.

La Ley Silla, por ejemplo, se convirtió en un símbolo perfecto. No es que falten sillas, es que sobra desdén. Los despachadores siguen de pie, como si la comodidad fuera un lujo reservado para los discursos oficiales. Y mientras tanto, los responsables sonríen, convencidos de que la ciudadanía ya se acostumbró a mirar hacia otro lado.

En qué país viven, carnalitos de la Secretaría del Trabajo? La Ley Silla ya es ley, no sugerencia pa’ cuando les sobre tiempo. Se aprobó para que la raza que se parte el lomo 8-10 horas parada, mínimo tenga dónde sentar las nalgas. ¿Y ustedes qué? Bien gracias, tomándose el cafecito mientras en tiendas,  gasolineras, bancos y farmacias siguen tratando a la gente como postes.

¿Dónde está la inspección? ¿Dónde las multas? Porque papelitos y boletines pa’ la foto sí sacan, pero la calle dice otra cosa. Si no van a aplicar la ley, mejor quiten el letrero de “Secretaría” y pongan “Secretaría del Aplauso”.

Lo más gracioso —o trágico, según se lea— es que esta joya legislativa fue publicada con bombo y platillo en diciembre de 2024, entró en vigor a medias en junio de 2025 y se supone que desde diciembre de ese mismo año ya era obligatoria. Sí, obligatoria… pero solo en el papel. Porque en la práctica, las gasolineras siguen siendo gimnasios involuntarios: los trabajadores hacen sentadillas invisibles mientras esperan que alguien les cumpla la promesa de una silla.

Hey, de lado de quien estás, autoridad?  el trabajador no te pide limosna, te exige un derecho. Y tú no estás ahí de adorno, carnal. Te pagan pa’ que vigiles, no pa’ que te hagas wey.

Cada día que no caes a revisar, cada negocio que se pasa la Ley Silla por el arco del triunfo, es una mentada de madre que tú autorizas con tu silencio. ¿O qué, vas a esperar a que alguien se desmaye en el piso pa’ recién sacar el reglamento empolvado? Ponte las pilas, porque la raza ya está hasta la madre de autoridades de escritorio. Aquí se viene a chambear, no a calentar la silla… irónico, ¿no? Ustedes sí tienen silla y no la usan para lo que deben.

Aquí no se trata de denunciar con solemnidad, sino de narrar con ironía: porque el descaro no se combate con indignación, sino con sátira. Al final, lo que queda es la crónica de un país donde la desvergüenza se institucionalizó y el cinismo se volvió rutina

Artículos relacionados
Mostrar más

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Back to top button