Soberanía, bienestar y poder popular como proyecto nacional

[Salto de ajuste de texto]Por Agustín Peña Cruz*[Salto de ajuste de texto]A dos años de la victoria electoral que llevó a Claudia Sheinbaum a la Presidencia de México, la mandataria presentó un informe político que trasciende el formato tradicional de rendición de cuentas. Más que una enumeración de programas, cifras o proyectos de infraestructura, el mensaje pronunciado desde el Monumento a la Revolución constituyó una reafirmación ideológica del proyecto político conocido como Cuarta Transformación y una defensa explícita de la soberanía nacional frente a lo que el gobierno considera nuevas formas de injerencia extranjera.
El discurso fue transmitido simultáneamente en plazas públicas de 30 estados y la Ciudad de México. La presidenta saludó a ciudadanos reunidos en Aguascalientes, Baja California, Baja California Sur, Campeche, Ciudad de México, Colima, Chiapas, Chihuahua, Durango, Guanajuato, Guerrero, Hidalgo, Jalisco, Estado de México, Michoacán, Morelos, Nayarit, Nuevo León, Oaxaca, Puebla, Querétaro, Quintana Roo, San Luis Potosí, Sinaloa, Sonora, Tabasco, Tamaulipas, Tlaxcala, Veracruz, Yucatán y Zacatecas. Coahuila fue la única entidad donde no se realizó una concentración pública debido a la celebración de elecciones locales.
El acto tuvo una carga simbólica evidente. Sheinbaum recordó que cerca de 36 millones de mexicanos respaldaron en las urnas la continuidad del movimiento iniciado por Andrés Manuel López Obrador y subrayó que su llegada a la Presidencia representó también un momento histórico para las mujeres mexicanas. “Por primera vez una mujer llegó a la Presidencia de la República”, afirmó, presentando ese hecho como una victoria colectiva más que individual.
Sin embargo, la esencia del mensaje no estuvo únicamente en la reivindicación política del triunfo electoral. El discurso buscó construir una narrativa de contraste entre dos modelos de país: el que, según el gobierno, caracterizó a las administraciones neoliberales durante más de tres décadas y el que actualmente impulsa la denominada economía moral y el humanismo mexicano.
En esa lógica, Sheinbaum insistió en que la austeridad republicana sigue siendo uno de los pilares de su administración. Destacó que los salarios de los altos funcionarios no han aumentado, que se redujo el gasto corriente y que la recaudación creció sin necesidad de incrementar impuestos. Según la mandataria, el objetivo es que los recursos públicos regresen a la población convertidos en infraestructura, programas sociales, hospitales, escuelas y vivienda.
La insistencia en la honestidad gubernamental responde a una estrategia política clara. La lucha contra la corrupción continúa siendo uno de los principales elementos de legitimación del movimiento gobernante. “No llegamos al gobierno para servirnos; llegamos para poner el poder al servicio del pueblo y de la nación”, señaló.
En el terreno económico, el informe buscó proyectar una imagen de estabilidad frente a un escenario internacional complejo. La presidenta destacó récords en inversión extranjera directa, aumento del empleo formal, reducción de la inflación y fortalecimiento del peso frente al dólar. También enfatizó que la pobreza laboral se encuentra en su nivel más bajo desde que existen registros comparables.
Estas cifras fueron utilizadas para respaldar una tesis central del discurso: que la intervención activa del Estado en la economía puede coexistir con crecimiento económico y estabilidad financiera. A diferencia de los enfoques de libre mercado predominantes durante las décadas anteriores, Sheinbaum defendió un modelo donde el gobierno participa directamente en la promoción del desarrollo y en la redistribución de la riqueza.
Los programas sociales ocuparon un espacio relevante dentro de la exposición presidencial. La mandataria destacó que más de 42 millones de personas recibirán algún beneficio de bienestar al cierre de 2026, con una inversión superior al billón de pesos. Pensiones para adultos mayores, apoyos a mujeres, becas educativas, subsidios agrícolas y programas para jóvenes fueron presentados como mecanismos permanentes de justicia social y no como medidas temporales de asistencia.
En educación, la administración reivindicó la expansión de becas universales, la creación de nuevos espacios en preparatorias y universidades, así como la eliminación de exámenes de admisión en el nivel medio superior. En salud, la presidenta sostuvo que el gobierno avanza hacia un sistema universal capaz de integrar los servicios del IMSS, ISSSTE e IMSS-Bienestar.
La vivienda también apareció como una de las prioridades. La meta de construir 1.8 millones de hogares para familias de bajos ingresos fue presentada como una respuesta a décadas de rezago habitacional y como un intento de corregir los efectos de esquemas crediticios considerados injustos.
Otro eje central fue la reivindicación de la soberanía energética. El gobierno defendió el fortalecimiento de Petróleos Mexicanos y de la Comisión Federal de Electricidad, instituciones que durante años fueron objeto de reformas orientadas a incrementar la participación privada. Sheinbaum argumentó que la recuperación de estas empresas estratégicas ha permitido garantizar combustibles accesibles y fortalecer la seguridad energética nacional.
La infraestructura apareció igualmente como símbolo de transformación. Carreteras, trenes de pasajeros, proyectos hidráulicos, ampliaciones aeroportuarias y obras ferroviarias fueron descritos como parte de una estrategia de integración territorial. La presidenta presentó el resurgimiento del ferrocarril de pasajeros como uno de los emblemas del actual periodo histórico.
Sin embargo, la parte más significativa del discurso llegó cuando abandonó los indicadores económicos para abordar el tema de la soberanía nacional.
La mandataria denunció la existencia de campañas digitales de desinformación impulsadas, según afirmó, por sectores conservadores nacionales e internacionales interesados en debilitar al gobierno mexicano. En una época donde la influencia política se ejerce cada vez más a través de redes sociales y plataformas digitales, Sheinbaum planteó que la soberanía ya no se limita al territorio físico, sino que también involucra la información y la percepción pública.
La presidenta vinculó esta reflexión con acontecimientos recientes relacionados con autoridades estadounidenses. Criticó la participación de agentes extranjeros sin acreditación oficial en territorio mexicano y cuestionó solicitudes de extradición dirigidas contra funcionarios mexicanos sin que, según dijo, se hubieran presentado públicamente las pruebas correspondientes.
El mensaje que retumbó fue: “México no es piñata de nadie”.
Esta frase condensó una de las ideas más importantes del discurso. Para el gobierno, la cooperación internacional es necesaria y deseable, pero debe realizarse bajo principios de igualdad y respeto mutuo. “Cooperación no significa subordinación; colaboración no significa sometimiento”, afirmó.
El planteamiento conecta con una larga tradición histórica mexicana marcada por la defensa de la autodeterminación y la no intervención. Desde esta perspectiva, la soberanía se convierte no solo en un principio jurídico, sino en un componente central de la identidad nacional.
La seguridad pública también fue presentada bajo esa óptica. Sheinbaum sostuvo que los homicidios dolosos han disminuido 49% en 20 meses y que los delitos de alto impacto registran una reducción de 20%. A diferencia de la estrategia militarizada aplicada durante gobiernos anteriores, afirmó que su administración busca “construir paz con justicia”.
El mensaje cerró con una fuerte apelación al respaldo popular. La presidenta convocó a simpatizantes y ciudadanos a participar en asambleas informativas y a defender lo que considera los avances alcanzados durante la transformación política iniciada en 2018.
Desde una perspectiva sociopolítica, el informe confirma la consolidación de una narrativa que combina tres elementos fundamentales: bienestar social, nacionalismo democrático y participación popular. Mientras los programas sociales buscan fortalecer la legitimidad interna, el discurso de soberanía funciona como un mecanismo de cohesión frente a amenazas externas reales o percibidas.
La apuesta del gobierno parece: presentar la transformación no únicamente como una política pública, sino como un proyecto histórico respaldado por una mayoría social organizada. En esa construcción narrativa, los indicadores económicos, las obras de infraestructura y las políticas sociales adquieren un significado mayor. Dejan de ser simples acciones administrativas para convertirse en pruebas de un cambio de régimen que, según la presidenta, debe defenderse tanto en las urnas como en el debate público.
A dos años de aquella victoria electoral, el mensaje presidencial mostró que la principal batalla política del gobierno ya no gira únicamente en torno al crecimiento económico o la administración pública. Se centra, sobre todo, en la disputa por definir quién tiene la autoridad legítima para decidir el rumbo de México: las instituciones nacionales respaldadas por el voto popular o las presiones provenientes de actores externos. Para Claudia Sheinbaum, la respuesta es: el pueblo mexicano.
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* El Autor es Master en Ciencias Administrativas con especialidad en relaciones industriales, Licenciado en Administración de Empresas, Licenciado en Seguridad Pública, Pasante de la Licenciatura en Derecho, Periodista investigador independiente y catedrático.
