“REMESAS RESILIENTES: OPCIONES PARA EL FUTURO”

Artículos relacionados
El reciente descenso en montos y frecuencia de las remesas hacia México obedece a una combinación de factores externos (coyuntura en Estados Unidos y tipo de cambio) e internos (alta dependencia de los hogares y falta de alternativas productivas).
Esto obliga a repensar estrategias de resiliencia tanto para las familias receptoras como para emigrantes retornados o varados, incluyendo opciones específicas para Tamaulipas.
Motivos externos de la caída
En 2025 las remesas a México se redujeron alrededor de 4.6 % anual, rompiendo 11 años de crecimiento continuo.
La causa principal ha sido el deterioro del mercado laboral de baja calificación en Estados Unidos, que ha reducido horas trabajadas y empleos para migrantes mexicanos.
El fortalecimiento del “súper peso” ha mermado el poder de compra en México: aun cuando el migrante manda la misma cantidad de dólares, la familia recibe menos pesos reales.
Hay una reducción en el número de operaciones: en algunos meses de 2025 se han observado caídas de más de 10 % en transacciones, lo que refleja menos personas enviando dinero y menor frecuencia de envío.
Nuevos costos y regulaciones, como impuestos o cargos adicionales a transferencias desde Estados Unidos, desincentivan montos altos y transferencias frecuentes.
Motivos internos y riesgos sociales
Muchos hogares rurales y urbanos pobres dependen de remesas para más de 50 % de su ingreso, por lo que cualquier reducción golpea de inmediato el consumo básico y la educación de hijos.
La falta de inclusión financiera obliga a manejar remesas en efectivo, sin canalizarlas a ahorro formal, seguros o inversión productiva local.
La estructura productiva local en regiones expulsoras no ofrece empleos formales suficientes, por lo que las remesas sustituyen política de desarrollo y se vuelven un “amortiguador” que ahora se debilita.
Cierre de frontera y migrantes deportados o varados
Tras el cambio de gobierno en Estados Unidos, el cierre práctico del asilo y el reforzamiento de operativos migratorios han restringido la entrada y permanencia de nuevos migrantes.
El incremento de detenciones y deportaciones está generando más retornados forzados, así como personas “autodeportadas” que regresan ante el temor a redadas o pérdida de documentos.
Al mismo tiempo, hay miles de migrantes que ven cancelado su “sueño americano” al quedar varados en ciudades fronterizas mexicanas, con alta vulnerabilidad laboral y de seguridad.
Alternativas productivas y visas temporales
La expansión de visas temporales H2-A (agrícolas) y H2-B (no agrícolas) ha sido notable: hacia 2025 el número total anual de ambos tipos rondaba 455 000, frente a poco más de 30 000 a fines de los noventa.
Esto sugiere que el futuro de la migración laboral mexicana será cada vez más legal y temporal, usando esquemas de contratación documentada en agricultura, hotelería, construcción, servicios y procesamiento de alimentos.
Los estados pueden crear ventanillas especializadas para reclutamiento ordenado en H2-A/H2-B, capacitación laboral previa (inglés funcional, normas de seguridad, derechos laborales) y verificación de empleadores para evitar abusos.
Paralelamente, se requieren programas de reconversión laboral para retornados: certificación de competencias (oficios de construcción, mantenimiento industrial, logística), apoyo para microempresas y cooperativas, e inserción en cadenas regionales de valor.
Opciones específicas para Tamaulipas
Tamaulipas ya impulsa, a través del Instituto Tamaulipeco para el Migrante, la promoción y asesoría para visas H2-A, cubriendo transporte, alojamiento y alimentación según la normatividad estadounidense.
Puede ampliarse este esquema a H2-B, aprovechando la cercanía fronteriza y la experiencia de sus migrantes en hotelería, servicios, maquila y logística.
A nivel interno, Tamaulipas podría desarrollar polos de empleo para retornados en agroindustria (cítricos, ganadería de engorda, sorgo), logística portuaria y carretero-ferroviaria, energías renovables y manufactura ligera, combinando incubación de negocios, crédito blando y compras públicas locales.
Una política clave sería dirigir parte de las remesas remanentes hacia proyectos productivos comunitarios (cooperativas agrícolas, talleres de servicios, turismo rural), mediante esquemas tripartitos: aportación de migrantes, gobierno estatal y municipios.
Un eje transversal debe ser la educación financiera de las familias receptoras y de los propios migrantes, para reducir la dependencia al ingreso externo, diversificar fuentes de ingreso local y utilizar mejor los periodos de bonanza remesera antes de futuras caídas.
Artículos relacionados
Mostrar más

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Back to top button