México frente al avance de la obesidad

Ciudad Madero, Tamps.- En el marco del Día Mundial contra la Obesidad, la advertencia no admite matices: México ocupa el tercer lugar a nivel internacional en esta enfermedad. Así lo afirma Francisco Castañeda Cruz, secretario de la asociación civil Acciones con Sentido, quien traza un diagnóstico que combina factores médicos, culturales y sociales para explicar una crisis que avanza sin pausa.
“La obesidad es una enfermedad mundial y somos el tercer lugar a nivel internacional en este padecimiento”, sostiene. La precisión no es menor. El especialista distingue entre sobrepeso y obesidad, dos conceptos que suelen confundirse en el discurso cotidiano. “El sobrepeso es un paso más abajo de la obesidad”, explica, y añade que existen distintos tipos, como la obesidad mórbida y la endógena. La línea que separa una condición de la otra no es solo semántica: implica riesgos crecientes para la salud pública.
El aumento de peso, advierte, no es un fenómeno aislado. Es el punto de partida de una cadena de enfermedades crónicas que presionan los sistemas sanitarios y deterioran la calidad de vida. “El aumento de peso representa problemas de diabetes, hipertensión arterial, infartos y cáncer”, señala. En ese catálogo de riesgos se refleja el verdadero costo de una cultura que ha normalizado el sedentarismo y el consumo de productos ultraprocesados.
SEDENTARISMO, COMIDA RÁPIDA Y CULTURA LABORAL
Castañeda Cruz apunta hacia una transformación profunda de los hábitos cotidianos. La vida moderna —marcada por la tecnología, la dependencia del automóvil y la presión laboral— ha relegado la actividad física a un segundo plano. “La vida sedentaria es perjudicial para la salud”, afirma con contundencia.
La escena urbana ilustra esa realidad: jornadas extensas, traslados en automóvil, horas frente a pantallas y una oferta creciente de comida rápida. “La carrera por el trabajo y los compromisos nos hace dar prioridad a esas actividades y no a mantener la salud”, explica. La consecuencia es un deterioro paulatino del bienestar físico y mental.
El especialista subraya que la tecnología ha modificado la dinámica familiar y social. “Estamos pegados al celular, a la computadora, al carro. Ya no queremos caminar”, observa. Incluso las tareas más simples se han automatizado: compras en línea, servicios a domicilio, filas evitadas. La comodidad, convertida en norma, erosiona la actividad física mínima indispensable.
A ello se suma la expansión de alimentos procesados. “La comida rápida afecta la salud”, advierte, al referirse a productos altos en grasas y azúcares. En el contexto mexicano, la dieta tradicional también juega un papel relevante. “La tortilla representa ingesta de muchos carbohidratos y calorías; también el pan y los refrescos de cola”, puntualiza. La combinación de tradición alimentaria y productos industrializados configura un entorno propicio para el sobrepeso.
RECUPERAR EL MOVIMIENTO Y EQUILIBRAR LA DIETA
Frente a este panorama, la respuesta no pasa por soluciones espectaculares, sino por ajustes sostenidos en la vida diaria. “Se recomienda llevar una dieta baja en calorías y hacer ejercicio, mantenerse en actividad constante y programarse para realizarla”, señala Castañeda Cruz.
El énfasis está en integrar el movimiento a la rutina. “Si vamos al trabajo, podemos caminar o ir en bicicleta; si hacemos un trámite, también podemos desplazarnos caminando”, propone. La clave, insiste, es no depender exclusivamente del vehículo. El ejercicio no debe concebirse como un lujo de fin de semana, sino como una práctica cotidiana.
En materia alimentaria, el equilibrio resulta esencial. “Las frutas son alimentos básicos; es importante elegir alimentos libres de grasas y azúcares”, recomienda. La referencia al “plato del buen comer” no es retórica: implica combinar adecuadamente los grupos alimenticios y moderar el consumo de carbohidratos y bebidas azucaradas.
Más allá de las recomendaciones técnicas, el mensaje tiene un trasfondo cultural. Cambiar hábitos implica cuestionar prioridades. En una sociedad donde el rendimiento laboral suele imponerse sobre el autocuidado, la salud queda relegada a un segundo plano. Castañeda Cruz lo sintetiza con claridad: es necesario detenerse y pensar en qué estamos haciendo para cuidarnos.
El Día Mundial contra la Obesidad no es solo una efeméride. Es un recordatorio de que la epidemia no se resolverá con campañas aisladas, sino con una transformación sostenida de la vida cotidiana. México, tercer lugar internacional en obesidad, enfrenta un desafío que trasciende estadísticas: redefinir su relación con el cuerpo, la alimentación y el tiempo.
En esa encrucijada, la decisión es individual y colectiva. Caminar en lugar de conducir, elegir agua en vez de refresco, programar una hora de ejercicio en medio de la agenda laboral. Pequeños actos que, acumulados, pueden revertir una tendencia que hoy coloca al país en los primeros lugares de una lista que nadie quiere encabezar.


