Amor y amistad en la era digital: entre la ilusión y el riesgo

Del chat a la familia real: Miguel y Sara

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Miguel, argentino divorciado y con un hijo, y Sara, mexicana, se conocieron en 2005 en Zona Victoria, una página de chat muy popular en Ciudad Victoria. Durante meses compartieron gustos y costumbres, primero por foto y luego por cámara web, buscando la seguridad de saber con quién hablaba. Ambos ya pasaban de los 25 años cuando decidieron dar el salto de lo digital a lo real.
Miguel dejó su natal Argentina para buscar el amor en México. No fue fácil: hubo discusiones, choques culturales y momentos de duda. Sin embargo, con el tiempo aprendieron a reaccionar con madurez, desarrollando empatía y tolerancia. Hoy, casi veinte años después, han formado una familia en Victoria.
Un amor que cruzó fronteras: Paty y Luis
Lesly mexicana y Luis peruano también se conocieron en línea hace más de dos décadas. Tras dos años de comunicación constante, ella tomó la decisión de dejar su hogar para unirse a su pareja. “Tomé esa decisión sabiendo los riesgos, pero gracias a Dios encontré a un buen hombre, un ser humano generoso lleno de amor”, recuerda.
Hoy viven juntos en Nueva York, donde él trabaja desde hace años como ciudadano estadounidense, mientras ella está en vías de obtener la ciudadanía. Su historia refleja cómo las redes sociales pueden ser un puente hacia vínculos auténticos y duraderos.
La ilusión que casi se convierte en peligro: Jimena
Jimena, adolescente, buscaba amistades en redes sociales cuando conoció a Erik, supuesto joven de 18 años. Conversaban por chat, intercambiaron fotos y hasta hablaron por teléfono. Ella se ilusionó, pero nunca lo vio por cámara web. Una amiga le advirtió que tuviera cuidado, y Jimena decidió no encontrarse con él hasta verlo en video. A partir de ahí, Erik desapareció, pero comenzó a acosarla de manera anónima. Un día, a la salida de la escuela, descubrió que el hombre que la observaba era el mismo con quien había chateado: no era un adolescente, sino un adulto de casi 60 años. La historia de Jimena muestra el lado oscuro de las redes sociales y la vulnerabilidad de los jóvenes frente a la manipulación.
Introducción evocadora
El amor y la amistad también se escriben en pantallas. Lo que antes era carta o llamada telefónica, ahora se vive en redes sociales, chats y video llamadas. Historias que cruzan fronteras conviven con los riesgos de un mundo digital donde no todo es lo que parece.
El nivel de conectividad en la actualidad hace plausible que cada vez surjan más vínculos afectivos en las redes sociales; cifras del INEGI del 2025 indican que México alcanzó 100.2 millones de usuarios de internet, equivalentes al 83.1% de la población de 6 años o más. En 2015 eran 61.4 millones; en menos de una década el número creció más de 60%.
Voces expertas
Estos relatos personales nos muestran el lado luminoso de las redes, pero la sociología también advierte sobre sus sombras. Una voz experta es la de Enrique Rivera, sociólogo y psicólogo, quien señala que en las redes sociales “la imagen, lo imaginario, el show, lo visual es lo que cuenta”. Para Rivera, los vínculos digitales tienden a ser más efímeros, de consumo y de uso, lo que diluye la identidad y la pertenencia.
Relata incluso el caso de un adolescente que se enamoró de un personaje creado en un videojuego, experiencia que derivó en una crisis emocional severa. Su reflexión apunta a que la virtualidad puede intensificar emociones, pero también generar vacíos cuando la realidad no corresponde a la ilusión. Rivera advierte que la sociedad debe aprender a distinguir entre lo que es auténtico y lo que es mera representación, pues de lo contrario los vínculos corren el riesgo de convertirse en espejismos.
Luis Martínez, psicólogo clínico
A esta mirada académica se suma la reflexión clínica del psicólogo Luis Martínez, quien reconoce que las redes sociales han abierto un área de oportunidad al facilitar la conexión entre personas. Sin embargo, advierte riesgos emocionales como la comparación social constante, los celos digitales y la búsqueda de validación superficial.
“Las relaciones en redes sociales no son ni malas ni buenas, más bien son formas de conexión que amplían las posibilidades, pero sí nos exigen fortalecer habilidades emocionales como los límites sanos, la regulación emocional, la comunicación asertiva, el respeto y la confianza”, concluye.
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